Escolapio, biólogo y maestro

“No soy curandero, tan sólo un mediador”

El científico que dicen curó al futuro rey, el infante Alfonso, niega su fama de milagrero

Sacerdote y profesor, ha puesto en marcha una nueva congregación religiosa llamada Hijas de la Divina Pastora

     Serio. Parco en palabras, pero certero en cada una de las frases que pronuncia. Gallego. Así es Faustino Míguez (Xamirás, …..), un sacerdote escolapio volcado con la educación de los niños y jóvenes. Vive volcado para sacar adelante a… que  busca que las menores en riesgo de exclusión sociales en localidades humildes, como Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), accedan a una educación digna para forjarse un futuro mejor. Sin embargo, en los últimos días ha alcanzado notoriedad por otro motivo bien distinto. Se dice que es él quien está detrás de la repentina curación del infante Alfonso

       - Resulta inevitable….

     -La realidad está ahí. Uno no debe regocijarse en los méritos, sean cuales sean, sino en aquellos retos que están por venir.

      - Pero sigue sin responderme, ¿está usted detrás de la curación?

    - Yo he rezado como el resto de los españoles por la mejora de su salud. Todo aquel que ha puesto algo de sí mismo, sea con un Padre Nuestro o buscando un remedio medicinal, ha contribuido a que este niño, como cualquier otro que esté en su misma situación, salga adelante. Y eso es lo que importa.

       - Deduzco que no me va a responder…

     - También puede llegar a la conclusión de que la fe y la oración pueden llegar donde los hombres no llegamos. Dejad obrar a Dios que para mejor será.

     - Entonces, ¿se trata de un milagro? A usted le llaman, el curandero de Getafe…

     - De eso, nada de nada (se le frunce el ceño y su tono de voz de vuelve más serio si cabe). Todo lo que administro a aquel que acude a mí es fruto de las investigaciones que realizo con las plantas. Cuando estuve destinado en Guanabacoa (Cuba), vi cómo las gentes de allá las utilizaban a diario para curar pequeñas infecciones. Sorprendido por el conocimiento intuitivo que tenían de ellas, decidí ponerme manos a la obra. Recopilé las recetas, estudié cada una de las propiedades de las hierbas y, a partir de ahí, he elaborado algunos específicos. Son estos medicamentos los que ofrezco a quien se acerca a verme a Getafe. Lo que he hecho ha sido poner los dones que me ha regalado Dios al servicio de su Reino y del que más lo necesita. Los medicamentos no caen del cielo, así sin más. Hay que ponerse a tiro del Señor para que a través de nuestras manos, de nuestra inteligencia, él pueda obrar pequeños milagros. Pero de ahí, a ser curandero hay un salto enorme.

     - Milagrero quizá no, pero algo de mártir sí  tiene. Dedicarse a la educación, en los tiempos que corren, es irse a la boca del lobo…

     - Pero no para que te muerda, sino para cambiar la realidad. Siempre les digo a los maestros con los que comparto el aula que la educación es la obra más sublime, en tanto que permite sacar de las tinieblas de la ignorancia a un niño que por sus circunstancias familiares o sociales estaba abocado a no tener un futuro digno. Ellos son los santos. Nosotros, los educadores,  mediadores.

    - Dentro de la Iglesia, también está en el punto de mira. Ha puesto en marcha una nueva congregaciónfemenina llamada Hijas de la Divina Pastora, que se dedica precisamente a la enseñanza. De momento, tiene algunas vocaciones y está llevando a cabo una labor social interesante entre colectivos de niñas que no tienen  acceso a la educación. A pesar de ello, algunos no ven con buenos ojos  a esta comunidad religiosa… Si le llamo fundador, ¿se siente identificado?

    -Sólo le diré que de  poco sirve multiplicar las colmenas, si no hay abejas industrio­sas que las llenen de ricos panales y miel, obras y virtudes. Así ocurre con la misión de la Iglesia. A las mujeres que han sido llamadas a consagrarse a Dios como hijas de la Divina Pastora, les insisto en que sean muy buenas y santas. Sobre las dificultades de las que habla y las críticas, le diré que  no hay mal que por bien no venga y Dios sabe lo que más conviene. En él he puesto toda mi confianza cada vez que he dado un paso hacia adelante.

    - No sé quite méritos…

   -Lo cierto es que el aula es el lugar donde se forja la sociedad del mañana. ¿El aula he dicho? También en el recreo. Cada uno de nuestros gestos, de nuestras palabras ayudan a encaminar el alma del otro y llevarlo hacia Dios, sea con el libro de Ciencias Naturales en la mano o con el balón de fútbol. Ahí nos toca actuar a todos los profesores, pero también a los padres de familia y a los religiosos que trabajan con niños, como lo hace el Buen Pastor, cuidando a cada uno de los que forman parte de nuestro rebaño por su nombre, conociendo sus debilidades y sus virtudes para sacar lo mejor de sí.  Y todo, para que descubran la vida auténtica.

   -Dicen que usted lo hace, regalando una aceituna a los alumnos que se saben bien la lección. Eso no está en ningún manual de pedagogía…

   -Lo de la oliva es lo de menos. Se trata de motivar al alumno con las herramientas de las que cada uno dispone. Es lo que hizo José de Calasanz en el Trastevere romano, y lo que hace cualquier educador enamorado de su trabajo: utilizar todo lo que esté a su alcance para que la niña y el niño crezcan no sólo en altura sino en sabiduría. Si uno pone amor en las cosas insignificantes de cada día como es un ejercicio matemático de derivadas o un análisis sintáctico, no sólo ayudamos a los más pequeños, sino que cumplimos la voluntad de Dios.

    -Así se cura a un futuro rey, ¿no?

   -Lo ha dicho usted, no yo.